«¿El porqué escribo? Y describo: es la clave más fascinante oculta en la ciencia astronómica.»
Uncategorized«Por otra parte, siempre son los otros los que mueren.«
Marcel Duchamp
Escribo porque las obras maestras de la humanidad no son solo objetos de contemplación estática; son cápsulas del tiempo que custodian una ciencia silenciada.
Frente al lienzo o la piedra, el mundo suele ver solo estética. Mi pluma busca ir más allá: romper el cifrado de los grandes maestros para devolverle al presente la precisión matemática y cosmológica con la que fueron concebidas.
Y describo porque los códigos ocultos exigen rigor. No basta con intuir el misterio; hay que trazar el ángulo exacto de la luz en un solsticio, medir las coordenadas de una alineación planetaria en el lienzo y calcular la geometría estelar que el autor diseñó deliberadamente.
Esta dualidad es la clave más fascinante oculta en la ciencia astronómica.
Mi búsqueda comenzó hace poco más de 8 años sobre una cuadrícula de papel en blanco.
Dicha cuadrícula encierra uno de los misterios más simples y a la vez mejor encriptados de la humanidad en sus 96 escaques. cuya resta de las 27 letras, el alfabeto utilizado por Luca Pacioli y a su vez por Miguel de Cervantes, su resta a su vez es 69, esto sígnica uno de sus códigos ocultos, al nacer en Julio Duchamp el había ingresado en Leo, pero Cancer. El año cuando trasciende Duchamp y la consolidación de sus epitafio: «Por otra parte, siempre son los otros los que mueren.».
Su autor, cuyo nombre se escribe con letras mayúsculas, es VICENTE ROJO, y la obra data de 1968, realizada en México.
Este tablero oculta 3 nombres operativos. El primero es Octavio Paz, ubicado en la segunda línea horizontal de 12.
El segundo corresponde a Marcel Duchamp, el gran homenajeado.
El tercero es el nombre «ERA», un acrónimo de simetría especular perfecta que funciona como una auténtica cápsula del tiempo.
En un principio, contemplé una segunda opción: al carecer de la letra H -que es muda-, «ERA» podría aludir a Hera, la esposa agraviada de Zeus y creadora de la Vía Láctea.
Esto revelaría uno de los mayores secretos ocultos en la obra, estrechamente vinculado a un recién nacido situado exactamente a 0º sobre la Vía Láctea, tanto en su lectura directa como invertida.

Por este motivo, describo lo que mis patrones neuronales perciben: operan al ritmo de la Vía Láctea, en ese rincón donde habita el niño que todos fuimos, activo dentro del sistema solar.
Esta historia comienza en la gran espiral de 360º y, en uno de sus márgenes, en el brazo conocido como Orión-Cygnus, es donde nos hallamos.
Ese es precisamente el impulso de Zeus, la chispa que llevó a Leonardo da Vinci a investigar a sus Ledas y a conectar sus obras con sus códices.
Con estas palabras me despido y dejo este testimonio, que ya comencé a redactar para inaugurar este espacio como el primero en ser publicado, el número 1.
FIN.